Era un lugar siniestro,
peligroso, un lugar
donde podía pasarte
cualquier cosa. Los trenes
iban lentos: al otro lado
estaba Francia, nada menos,
y más lejos aún, pero mucho más
lejos, Pekín. Una vez fui
con mi madre hasta Bayona.
Estaba todo limpio y quieto,
como muerto, como si no pasase
nada. Luego lo supe: ser libre
no es igual que ser feliz.
Karmelo Iribarren, La ciudad (Antología 1985-2008), Renacimiento, Sevilla 2008
deberías actualizar tu parrafito de datos personales ;-)
ResponderSuprimirun beso, dr.!
d.
Cierto, cierto :)
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