miércoles, 29 de diciembre de 2010

Las lecturas de 2010

Al igual que hice el año pasado, me sumo a la iniciativa de Christian de hacer un listado con los libros más interesantes que he leído este año. Incluyo dos novelas, un poemario y dos ensayos, uno político y otro de divulgación científica.

L’adversaire, de Emmanuel Carrère. El año pasado incluí en mi lista de lecturas recomendables Una novela rusa y me quedé con ganas de leer algo más de Carrère. L’adversaire es una investigación periodística novelada de un hecho que sobrecogió a Francia a principios de la década de los 90: el 9 de enero de 1993 el doctor Jean-Claude Romand asesinó a su mujer, a sus dos hijos y a sus padres, e intentó matar también a su amante. Pero lo que conmocionó al país entero no fue (sólo) lo espantoso del crimen, sino el inquietante descubrimiento que se hizo nada más comenzar la investigación: que el tal doctor Romand no era doctor, que toda su vida, desde hacía 18 años, era una farsa, y que había matado a su familia para que no lo descubrieran. Es importante decir «una farsa». Porque una farsa no es lo mismo que una tapadera. Esto último tendría sentido: se podría entender que el doctor Romand tuviera una doble vida, que fingiera ser médico y fuera espía, narcotraficante, proxeneta. Pero lo que no cabe en cabeza humana es que durante 18 años se pasara los días conduciendo en círculos, leyendo el periódico en las áreas de descanso, usando los servicios de las gasolineras, para luego volver a casa cada tarde, abrazar a su mujer y besar a sus hijos. Esa es la historia de la que parte Carrère en L’adversaire, la historia que investiga y que intenta comprender, aunque sea incomprensible. El resultado es una obra no tan devastadora como Una novela rusa, pero infinitamente más desasosegante.

Alba Cromm, de Vicente Luis Mora. Una mezcla entre novela policíaca, ciencia-ficción distópica light y vanguardia. En una de las sesiones de COLMO, alguien comentó que lo más interesante del libro, más que la transgresión de géneros y formas, es cómo VLM consigue construir una narración pero sin narrar, a base de entradas de diarios, cartas (mejor dicho, correos electrónicos), transcripciones de diálogos, etc. Estoy de acuerdo y, en general, creo que Alba Cromm está por encima de la media de la novela española actual. Sin embargo, después de leerla le queda a uno la desagradable impresión de que VLM podría haber hecho algo mucho mejor. Habrá que esperar a su próxima novela, pero me temo que de momento tengo que darle la razón a aquel novelista de la vieja escuela (no recuerdo bien quién era, tal vez Álvaro Pombo) que criticaba hace poco el fragmentarismo narrativo de los nocilleros diciendo que para tejer un jersey no basta con tejer un montón de mangas.

La ciudad (Antología 1985-2008), de Karmelo Iribarren. Karmelo Iribarren es un tipo duro (o, al menos, lo parece) y eso se nota en su poesía. Él no hace labor limae, sino que talla los versos a golpe de cincel. Eso en principio me habría echado para atrás, porque si hay algo que tengo claro sobre la poesía es que exige un enorme trabajo en el aspecto formal, pero ya había escuchado a Karmelo Iribarren hace un par de años en Versátil.es y me había gustado. Como en toda antología, en La ciudad hay poemas mejores y peores, pero algunos destacan especialmente, como Lo demás son historias, que siempre que lo leo me recuerda a un poema de Juan Bonilla (Denominación de origen: extranjero) y a otro de Agustín García Calvo (Tú, cuya mano …), como Para esto sirve la gloria, o como La frontera, que ya colgué en el blog hace unos meses.

Koba el temible, de Martin Amis. Subtitulado La risa y los Veinte Millones, se trata de un recuento de los crímenes del estalinismo (y, en menor medida, de los del leninismo). Todo el mundo conoce las atrocidades cometidas por los nazis, pero se habla muy poco del Gulag, la deskulakización o el Holodomor (esa espantosa hambruna organizada que provocó incluso que los padres mataran a sus hijos para comérselos). También es una denuncia del silencio cómplice, cuando no el aplauso, de los intelectuales y de parte de la izquierda europea y americana ante esos crímenes.

El mono desnudo, de Desmond Morris. El libro ya es antiguo, de 1967, pero no ha perdido ni pizca de actualidad. Su autor es un zoólogo que se empeña en que nos demos cuenta de que por debajo del ligero barniz que nos ha dado la cultura no somos ni más ni menos que monos desnudos. O, más exactamente, monos carnívoros sin pelo, que a lo largo de nuestra evolución biológica hemos combinado los comportamientos de los monos gregarios y de los grandes cazadores como los lobos o los leones. Una obra que viene muy bien para recordar que, por mucho que los posmodernistas se empeñen en lo contrario, somos mucho más que meros constructos sociales.

¿Y vosotros, qué habéis leido?


2 comentarios:

  1. El mono desnudo lo leí con 15 años y me abrió mucho los ojos. Me interesa la antropología y ese libro es muy buen ejemplo de ciencia divulgativa.

    gracias por el resto de reseñas.

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  2. Gracias a ti por comentar, Sara.

    Por cierto, he visto por ahí que tienes una lista de lecturas para 2011, publícala, anda :)

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