miércoles, 17 de agosto de 2011

Un fragmento de Lucrecio



Aunque no me molesta especialmente la visita del Papa (es decir, no me molesta más ni menos que otros saraos organizados con dinero público, como el Orgullo Gay, los festivales de música o las manifestaciones del 1º de mayo), me parece una buena ocasión para colgar uno de los fragmentos de mi planeada y, por desgracia, casi completamente detenida traducción del De rerum natura de Lucrecio. El texto que he elegido, como no podía ser menos, es el famoso «Elogio de Epicuro» (I.62-79):

Elogio de Epicuro

Los hombres se arrastraban torpemente
por tierra, derrotados bajo el peso
terrible de la Fe, que desplegaba
su rostro amenazante entre las nubes,
buscando horrorizar a los mortales,
cuando un hombre de Grecia fue el primero
que osó desafiarla y que sostuvo
con sus ojos mortales su mirada.
Ni la fama divina, ni los rayos,
ni el cielo con bramido amenazante
pudieron detenerlo, sino que
más fuerte espolearon su deseo
de hacer saltar los goznes de las puertas
del Mundo Natural por vez primera.
Su espíritu venció, vívida fuerza
que, yendo más allá de las murallas
de fuego de este mundo, recorrió
el Todo inmensurable, en mente y alma.
Y desde allí nos muestra, victorioso,
qué nace, qué no nace, en fin, las leyes
que dan poder y límite a las cosas.
De modo que la Fe yace rendida
y el hombre, vencedor, asciende al cielo.

He traducido religio como «Fe», aunque de sobra sé que no es ése su significado exacto (tampoco es «religión», si no más bien una mezcla entre ésta y la mera superstición, pero no vamos a entrar aquí en discusiones filológicas). Lo traduzco como «Fe», digo, porque se ajusta más a mi ideal de escepticismo científico, porque de nada sirve haber dejado de creer en Dios si se sigue creyendo en el horóscopo, la homeopatía o el psicoanálisis.

Quiero concluir el post dejando unos enlaces que remiten a las obras de los imprescindibles Bertrand Russell, Richard Dawkins y Daniel Dennet, que son un ejemplo a seguir para los que pensamos que el ateísmo se defiende escribiendo obras serias y rigurosas, no disfrazándose de obispo para sacar en andas a la virgen de las bragas prietas.

* * *

Fuente de la imagen (un busto de Epicuro): aquí.

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