viernes, 16 de septiembre de 2011

Sobre librerías y supermercados

Las librerías y los supermercados tienen algo en común: me tranquilizan.  Algo debe de haber en sus pasillos, algo en la sucesión de los estantes que hacen que me sienta seguro estando en ellos.  También son un remedio para los ataques ocasionales de melancolía, de soledad.  Eso es especialmente cierto cuando uno pasa largas temporadas lejos de casa.  Con las librerías está claro, ya se sabe: un lector nunca está sólo del todo si está entre libros.  Con los supermercados (y cuánto más grandes, más) también me ocurre, pero tengo menos claras las razones.  Quizá sea el hecho de que siempre hay gente pululando en ellos.  Quizá, y es más probable, sea simplemente que me gustan la comida y la cocina y que, por tanto, sea feliz vagando durante horas entre estanterías repletas de comida.

El problema es que, una vez que estás dentro, es muy difícil marcharse sin llevarse algo entre manosAl final resulta que es un remedio caro, pero uno puede consolarse en la idea que mucho más caro es un psiquiatra.  Precisamente ayer tuve ocasión, una vez más, de comprobarlo, cuando entré a curiosear en una librería del centro y salí con tres libros de la mano: dos poemarios y un ensayo.




De 28010, de Marta Agudo, había leído una reseña en Revista 330 ml.  No conocía las Gesta romanorum, de Giovanni Raboni, pero, con ese título, qué latinista que se precie va a resistirse a, por lo menos, hojearlo.   Y El precio de la culpa, de Ian Buruma, servirá para alimentar mi obsesión por el Tercer Reich y el Holocausto (ya son cerca de treinta los libros sobre el tema en mi biblioteca particular, y siempre tengo alguno más en mente ...).

* * *

También fui al Mercadona, pero no es cuestión de glosar aquí mi lista de la compra: esto todavía pretende ser un blog sobre literatura, aunque se me ocurre que podría coger las frutas y verduras que compré, cortarlas en rodajas milimétricas y escanearlas, escanear también el ticket de la compra, subir después aquí esas láminas finísimas, vidriosas, coloridas, buscarles un título adecuado, y hacer, en fin, con ellas, un poema postpoético.  La poesía, ya se sabe, está por todas partes. 

3 comentarios:

  1. he llegado hasta el final para ver si subías una foto de tu compra en el supermercado. venga, jp...que tenemos curiosidad.

    :)

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  2. Está en proceso, está en proceso...

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