viernes, 25 de mayo de 2012

"El mapa y el territorio" de Michel Houellebecq





Más que una novela, El mapa y el territorio son dos intercaladas.  Más un ensayo artístico.  El arte es lo que sirve de envoltorio a la novela principal (como lo era la economía en Ampliación del campo de batalla, y el sexo en Plataforma), mientras que el tema de fondo sigue siendo la soledad.  


Pero en este caso el envoltorio resulta impresionante.  Houellebecq se revela como un artista enorme a través de las obras de Jed Martin, el protagonista de la novela.  Ahí están sus catálogos de oficios tradicionales y objetos industriales desfasados, pintados o fotografiados, recogidos y catalogados con voluntad enciclopédica antes de que desaparezcan, pero sin sentimentalismos, sin tristeza, de la forma más aséptica posible, con la actitud del que es consciente de que el único que lamenta que desaparezca el trillo es el urbanita al que el tractor jode la estampa que esperaba.  Ahí están las fotos ampliadas de pequeños retazos de los mapas de la Guía Michelín.  Ahí está por último, el fascinante legado póstumo de Jed Martin, una serie de vídeos donde se superponen cientos de grabaciones diferentes para crear un mundo decadente donde la vegetación devora poco a poco fábricas en ruinas. 


Por otro lado, en lo que respecta a la otra parte de la novela o, si se quiere, a la otra novela que hay en El mapa y el territorio, la policial, tengo que decir he disfrutado enormemente con los constantes homenajes que hace Houellebecq al Maigret de Simenon.  Igual que aquél, el comisario Jasselin, encargado de investigar el asesinato de Houellebecq, es un policía entrado en la cincuentena, cercano ya a la jubilación.  Igual que aquél, está casado (bueno, en el caso de Jasselin, arrejuntado) y no tiene hijos, disfruta de la gastronomía regional francesa y no conduce.  Luego sabremos que, como Maigret, después de jubilarse comprará una pequeña casa en un pueblo en provincias y se irá a vivir allí.


Sin embargo, en conjunto la novela me ha parecido más floja que las anteriores.  O, al menos, menos descarnada, menos desoladora.  Me ha ocurrido lo mismo con la última novela de Carrère, De vidas ajenas, como para confirmarme que con los buenos sentimientos no se hace buena literatura.  Pero quizá sea sólo cosa mía.   

* * *


Fuente de la imagen:  aquí, donde se recrea una de las obras de Jed Martin, el protagonista de El Mapa y el territorio.

1 comentario:

  1. Houllebecq siempre vuelve a los mismos temas pero el aura de vacío vital se encarna en 'El mapa y el territorio'como nunca, incluyendo su propio asesinato...

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