jueves, 9 de agosto de 2012

Un fragmento de Javier García Rodríguez



Iowa, en cambio, llegó tarde a la sesión de fotografía.  Ni personajes famosos, ni paisajes idílicos, ni deportes.  ¿Quién ha oído hablar de Iowa?  Su imagen se desfigura por la distancia y los grandes espacios amarillos no han servido nunca como vistosa panorámica para turistas accidentales.  Si otros lugares parecen levantarse las faldas y abrirse de piernas al exterior, Iowa se abrocha hasta el último botón, recatada y humilde.  De ella se dice que es el lugar donde nunca pasa nada excepto algún tornado de vez en cuando.  La imagen que el cine nos propone tampoco invita a la esperanza.  Es el sitio elegido por Julia Roberts para esconderse de su marido brutal y asesino en Durmiendo con su enemigo;  allí Clint Eastwood y Meryl Streep resucitaban amores clandestinos y otoñales en Los puentes de Madison County; y, por fin, los campos de maíz protagonizan una historia de deporte y de fantasmas: en Campo de sueños, un Kevin Costner bronceado de tractor y con visera de John Deere, insomne a causa de sus alucinaciones infantiles, destroza su finca para construir un campo de béisbol y así recuperarse de un trama edípico de considerables dimensiones.  De esta última película surgió un curioso eslogan que durante años han lucido, orgullosos, los iowanos –¿iowenses? ¿iowinos?– en pegatinas, carteles y demás soportes publicitarios: "Is this heaven", "No, It's Iowa".  Para el resto de sus compatriotas esta respuesta confirma el conocido carácter conformista y apacible del Medio Oeste americano y al mismo tiempo les permite acudir al chiste fácil afirmando que Iowa tal vez no sea el cielo pero bien podría ser el limbo o el purgatorio.

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Javier García Rodríguez, Barra americana, DVD 2011



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